sábado, 16 de mayo de 2026

EL VALOR DE UNA SONRISA


Imagen creada con IA

Siempre me ha gustado sonreír. Creo que una sonrisa transmite mucho. Sonríes cuando alguien está nervioso, con el objetivo de tranquilizarlo y que perciba un apoyo. Sonríes sin esforzarte cuando estás muy feliz. Sonríes cuando ves a alguien a quien quieres. Sonríes para transmitir cercanía, para que el que te ve sonreír no tenga miedo y entienda que puede confiar en ti. Sonríes por educación o por cordialidad. Sonríes para hacerte más fuerte, buscando un nuevo comienzo tras una crisis, infundiéndote así a ti misma positividad.

Creo que muchas veces infravaloramos el poder que tiene una sonrisa. Una sonrisa es un puente entre dos personas. Como ya he mencionado, siempre me ha gustado mucho sonreír. Siempre he intentado sonreír a las personas de mi alrededor, desconocidos o conocidos. Debido a esta rara afición mía, me di cuenta de que con frecuencia las personas de tu alrededor te devuelven la sonrisa o el gesto amable. A lo largo de estos últimos meses, esta idea no deja de rondar por mi cabeza. Mi reflexión sobre este tema no cesa debido a que he observado un incremento en los gestos de amabilidad y en las sonrisas que me devuelven las personas. Este aumento viene de la mano de un aumento también en mi felicidad y en las sonrisas que regalo. Durante segundo de Bachillerato, cuando tenía una gran carga educativa y un alto nivel de estrés, mi sonrisa se desdibujó. Por ello, ahora que estoy estudiando la carrera de mis sueños y que soy más feliz, sonrío con más facilidad y, en consecuencia, las personas también me sonríen con más facilidad. Por ejemplo, a lo largo de esta semana dos señoras me han dicho que tengo unos ojos preciosos. Estos cumplidos han sido el efecto de un primer gesto amable que yo he tenido con ellas. Mi tesis es: cuando tienes un gesto amable con alguien, la mayoría de las veces es recompensado. 

Quiero destacar otra reacción fundamental que he detectado al aplicar esta filosofía de vida. Aunque normalmente mi gesto es agradecido y correspondido, me llama mucho la atención que la primera reacción de las personas siempre sea la sorpresa. Siempre observo un sobresalto inicial, un miedo a que mis intenciones no sean legítimas o una falta de costumbre a la idea de que un desconocido te va a ayudar. En la sociedad actual, estamos más acostumbrados a esperarnos el mal que el bien, a sentir miedo antes que confianza y a que nos abandonen en vez de ayudarnos. Esta desconfianza parece algo natural, ya que tenemos una visión antropológica pesimista. Esto es reflejado a la perfección por Hobbes con su frase: "El hombre es un lobo para el hombre". Esta visión defiende que, debido al egoísmo natural de los seres humanos, el estado de naturaleza sería un espacio horrible donde prevalecería la desconfianza sistemática y el miedo constante al otro. 

Personalmente, esta visión me parece triste. Es cierto que tampoco podemos olvidar la realidad de que no todas las personas son buenas y que, muchas veces, esta desconfianza nos ayuda a protegernos. No propongo ser ingenuos, propongo que, si podemos tener un pequeño gesto para alegrarle el día a alguien, lo llevemos a cabo sin vergüenza ni dudas. Optar por la amabilidad no es un camino difícil y, gracias a mis experiencias, puedo afirmar que te mejora la vida. En primer lugar, ver cómo los demás viven aunque sea un corto instante de felicidad te hace sentir más feliz y realizado. Asimismo, si necesitas ayuda, aquel al que tú has ayudado no dudará en brindártela. 

A veces pensamos que para conectar con los demás necesitamos grandes gestos. Sin embargo, la ciencia demuestra que a veces es suficiente con una simple sonrisa. Según la hipótesis de la "simulación encarnada" (Gallese, Eagle y Migone, 2007) nuestro cerebro está diseñado para "reflejar" lo que vemos en el otro. Cuando observas a alguien sonreír, tus neuronas activan automáticamente los mismos músculos faciales (específicamente el músculo cigomático) que usa la otra persona. Gracias a las neuronas espejo, tu cuerpo reconstruye internamente la sensación de felicidad que observas en el otro. Es decir, al ofrecer una sonrisa, estás activando un reflejo biológico de bienestar en el cerebro de quien te mira. 


Imagen de Pinterest: Neuronas espejo y empatía - Mariavaleras

Trasladando esta reflexión al ámbito pedagógico, considero que en el aula la sonrisa del docente es una herramienta fundamental para construir un espacio seguro. Como futuras educadoras, debemos ser conscientes de que el aprendizaje real solo ocurre cuando el niño se siente protegido y validado. Los niños perciben con mucha facilidad el estrés y el miedo de los adultos y, por ello, debemos cuidar nuestros gestos, tratando de transmitir confianza a través de una mirada amable y una sonrisa sincera. Así, enviaremos a nuestros alumnos un potente mensaje. Los invitaremos a confiar en nosotros/as, a disfrutar, a reír, a jugar y a aprender.

En conclusión, mis experiencias me han demostrado que la sonrisa y la amabilidad son dos de las fuerzas más transformadoras que poseemos. Es una acción muy pequeña, que puede parecer insignificante, pero que produce enormes beneficios tanto en nosotros mismos como en los demás. Los retos de la vida muchas veces no son fáciles, así que, si podemos ser amables ¿por qué vamos a elegir no serlo? No sabemos el día que puede estar viviendo la otra persona, pero lo que sí sabemos es que una sonrisa transmite mucho. 

Referencias: 

De las Heras, P. (18 de junio de 2021). ¿Es el hombre un lobo para el hombre? Ethic. 

Gallese, V., Eagle, M. N., y Migone, P. (2007). Entonamiento emocional: neuronas espejo y los apuntalamientos neuronales de las relaciones interpersonales. Aperturas Psicoanalíticas: Revista de Psicoanálisis, (26). 

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