domingo, 22 de febrero de 2026

LA DIFICULTAD DE MANTENER UN BUEN RENDIMIENTO ACADÉMICO EN UN MAL MOMENTO EMOCIONAL


Imagen creada con IA

Tanto para el alumno como para el profesor es difícil saber qué hacer cuando el alumno está viviendo un mal momento y no es capaz de atender, estudiar o aprobar. ¿Intentas que apruebe y que se concentre o hablas con él para ver qué es lo que le está atormentando? Recuerdo que en clase de Teoría de la Educación la profesora definió a la perfección este debate con una sola oración: "En la educación siempre nos encontramos en la tesitura de atender lo urgente o lo importante".

​Siempre he sido muy responsable y he sido capaz de llevar las cosas al día. Pero, a lo largo de mi trayectoria como estudiante, he vivido varias veces esta situación de desesperanza por no ser capaz de mantener la concentración durante ciertas malas etapas de mi vida. La última vez fue a principios del segundo cuatrimestre de la carrera cuando me rompieron el corazón. Recuerdo sentir muchísima frustración porque me sentaba delante del ordenador y no era capaz de hacer nada. No podía pensar en los estudios ni tenía la energía para hacer nada.

​Durante la mayoría de etapas en las que mi estado emocional era peor, mi rendimiento académico disminuyó. Solamente hubo una experiencia en la cual mi rendimiento subió: durante una mala etapa que viví a finales de primero de Bachillerato. Sentía un dolor emocional increíble, pero utilicé ese dolor para motivarme, para demostrarme a mí misma que podía con todo. Estudié muchas más horas de lo normal, utilizando las notas como distracción y como valoración, consiguiendo así subir mi media un punto.

​Aunque en esta experiencia conseguí transformar el dolor en superación, realmente no es sano centrarte en la dimensión académica para no sentir el dolor. Además, es muy difícil hacerlo; lo normal es sacar peores notas durante una mala experiencia. Esto nos lleva al eterno debate pedagógico: ¿Qué debes hacer? ¿Reprimir tu dolor y seguir adelante o centrarte demasiado en ese dolor y abandonarte?

​Creo que, tal y como defiende Aristóteles, lo fundamental es encontrar un punto medio, ese punto medio en el que se encuentra la virtud. Debes entenderte y cuidarte, permitirte estar triste o sentir dolor, no bloquear ni infravalorar esas emociones. Pero, también debes aprovechar esa mala experiencia para mejorar como persona. No debes permitir que el resto de ámbitos de tu vida se hundan cuando uno se hunde. Creo que tu personalidad está compuesta por un conjunto de dimensiones y que debes cuidarlas todas. Si una desaparece o cambia no pasa nada, sigues siendo tú porque el resto de dimensiones de tu personalidad se mantienen intactas. Por ejemplo, ahora la parte de mi personalidad formada por mi relación romántica ha desaparecido. Eso no implica que yo haya desaparecido o que esté menos "entera"; sigo disponiendo de las otras partes de mi personalidad (amigos, estudios, familia, hobbies...) a las que cuido y a las que quizás ahora puedo dedicar más tiempo.

​En resumen, creo que los profesores deben entender que sus alumnos no van a ser los mismos cuando están pasando por una mala etapa. Deben permitirles vivir esas emociones y enseñarles a gestionarlas, no a ocultarlas. Como alumnos, creo que ante una mala experiencia podemos salir fortalecidos; no debemos nunca rendirnos y abandonarnos. Tenemos que cuidar todas las dimensiones de nuestra vida, asegurándonos de que la pérdida de una no nos hunda, pero permitiéndonos vivir la ira, la tristeza, la frustración o la desgana que a veces nos acompañan.


Continuación...

Hoy, día 14 de mayo de 2026, me ha parecido interesante completar este blog para contaros mi experiencia a lo largo del segundo cuatrimestre de la carrera. Este curso escolar he vivido un bloqueo que nunca antes había experimentado. Mi creatividad, mi fuerza de voluntad, mi capacidad de concentración; en resumen, todo lo que me hacía ser una buena estudiante, ha desaparecido. Cuando empecé este blog estaba empezando a vivir este bloqueo y pensé que, como otras veces, iba a ser una cuestión de semanas; sin embargo, han ido pasando los meses y esta situación persiste.

​Si soy sincera, no entiendo muy bien las causas. Puede ser el cambio de Bachillerato a la universidad, ciertas crisis y cambios que he vivido a lo largo del curso, la desaparición de la presión presente en Bachillerato ("tengo que sacar un nueve"), el cambio de rutina causado por el horario de tarde... No tengo ni idea de cuál es el motivo exacto de mi bloqueo, lo único que sé es que desde hace meses no hay ninguna actividad que haga que me concentre al cien por cien. Es decir, siempre que estoy intentando concentrarme en algo tengo mínimo dos líneas de pensamiento abiertas, lo que hace imposible mantener mi atención al cien por cien ya que analizo infinitos temas diferentes a la vez.

​Tener estas líneas de pensamiento abiertas a la vez es algo agotador. Te sientas a escribir un trabajo para la carrera, pero al mismo tiempo estás analizando todas tus preocupaciones. Al final, no consigues avanzar en nada y la frustración aumenta. A veces nos pensamos que los bloqueos ocurren porque no nos esforzamos lo suficiente o porque hemos perdido el interés, pero la realidad es que tu cerebro simplemente se satura cuando intentas atender a demasiados frentes a la vez. He tenido que aprender que no siempre se puede tener el control de todo y que obligarte a estar al cien por cien cuando estás viviendo una crisis solo sirve para sentirte peor.

​Como futura educadora, creo que vivir este proceso me está enseñando una lección fundamental. Ahora sé perfectamente lo que siente un alumno cuando quiere hacer las cosas bien pero su mente está en otro sitio. Entiendo esa frustración de querer concentrarte y no ser capaz de ordenar tus ideas. En el futuro, cuando esté en un aula y vea a un alumno que baja su rendimiento o que se muestra ausente, no pensaré que es perezoso o que no quiere estudiar. Creo que es muy fácil juzgar pero siempre debemos intentar mirar más allá. Nuestra labor no es suspender, sino ayudar al individuo a desarrollarse y, por ello, no podemos ignorar los posibles aspectos socio-emocionales que pueden estar condicionando el  rendimiento académico de nuestros alumnos. Por ello, cuando me encuentre con un alumno cuyo rendimiento académico disminuye sospechosamente hablaré con él, buscaré que se sienta comprendido y apoyado e intentaré motivarle pero sin que se sienta presionado a alcanzar una perfección imposible.

​En definitiva, creo que este bloqueo también es una parte de mi aprendizaje. No es un camino fácil y muchas veces me cuesta aceptarlo, pero sé que no debo rendirme. Los periodos de cambio requieren tiempo y maduración. Por ahora, estoy cuidando de mi dimensión académica ya que no debo abandonarla, pero me estoy permitiendo no exigirme la perfección. Estoy segura de que de esta experiencia también saldré fortalecida y que me ayudará a ser una mejor profesora.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Qué tienes que saber de mi

                                                         

¡Hola!


Soy María Pérez, tengo 19 años y soy estudiante del doble grado de Educación Primaria y Pedagogía. A través de este blog quiero dejar reflejada mi visión del mundo, expresando mi opinión sobre diferentes temas que hablemos en clase o sobre diferentes experiencias cotidianas que me lleguen al alma.

No tengo sueños lujosos, no quiero ser jefa de una importante empresa, ni cobrar mucho dinero, ni tener una casa grande y lujosa. Mi mayor sueño es vivir rodeada de amor. Quiero ser PT, porque creo que todos los niños deben ser protegidos y cuidados. Desgraciadamente algunos no lo son y me gustaría poder contribuir a cambiar esto. Quiero que todos mis futuros alumnos encuentren un lugar seguro en mis clases. Me gustaría casarme con alguien a quien ame profundamente, quiero que el amor, el respeto y el cariño nunca falte en mi casa. Otro de mis sueños sería ser madre, ya que tengo un fuerte instinto maternal, en concreto me gustaría tener tres hijos.

Soy hermana mayor, uno de los factores más decisivos de mi vida. Soy quien soy gracias a mis hermanos. Tengo una hermana a la que solo le saco 21 meses, es mi compañera de vida. Lo hemos hecho todo juntas, jugar, aprender, crecer... Siempre hemos compartido cuarto. Lo increíble es que a pesar de que hemos recibido la misma educación, nos hemos desenvuelto en el mismo ambiente y tenemos los mismos rasgos físicos, somos polos opuestos. A ella le gustan las ciencias, es más tranquila y más tímida. Yo hablo por los codos, soy una amante de las letras y siempre he sido muy inquieta.  

A mi hermano Juan le sacó ocho años, fue una de las mejores sorpresas de mi vida. Al ser tan pequeño siempre he tenido un instinto super fuerte que me empuja a protegerle, cuidarle y quererle incondicionalmente. Este instinto se ha contagiado al resto de los niños, naciendo así mi vocación. Juanito es super sensible y super cariñoso, me siento muy identificada en él. Por dificultades de la vida he tratado de esconder esa sensibilidad, pero me gustaría que Juan no tuviera que hacer lo mismo.

Ese instinto de protección que me caracteriza lo he tenido siempre. Antes de querer entrar en esta carrera quería estudiar Educación social o Trabajo social. Mi objetivo siempre ha sido el mismo: proteger a los niños. Decidí estudiar esta carrera porque estaba más orientada a los niños y con las otras podía acabar trabajando en más ramas.

Me gusta el color azul, reír hasta llorar y sonreír todo el rato. Me encanta ver las mismas series y películas una y otra vez, en concreto veo en bucle la misma serie: la que se avecina. Me gusta mucho escuchar canciones y sentirlas intensamente. Me gusta que me hagan regalos personales, me encanta celebrar los cumpleaños porque son días en los que demuestras que quieres mucho a alguien. Me gusta esforzarme para conseguir mis objetivos y tengo mucha fuerza de voluntad para ello. Siempre he sido muy responsable y no soy capaz de mentir. Me gusta mucho leer, de pequeña era una friki de Harry Potter (me llamaban Mery Potter), me encanta sumergirme en otros mundos porque me da mucha paz. Me encanta hablar con todo el mundo, salir de fiesta y compartir momentos especiales con mis amigos. Me gusta cuidarme, siempre que tengo algo importante que hacer me arreglo mucho para motivarme y estar contenta.

Siempre me han dicho que soy un torbellino, lo siento todo muy intensamente. Esto tiene su parte buena y su parte mala. Significa que puedo llorar de felicidad y sentir que me va a explotar el pecho de todo el amor que siento. Pero, también significa que me duelen mucho ciertos gestos y palabras. Con los años he ido trabajando mucho en esta sensibilidad, he intentado ser más fuerte y que no me importe tanto la opinión de los demás, pero he aprendido a reconocer y a aceptar mi sensibilidad, a no intentar ser alguien que no soy. Tengo que decir que todos se piensan que soy un poco "blanda" y que me tengo que curtir, pero yo me considero una luchadora porque nunca me rindo. Prefiero seguir siendo un "poco blanda" y que me hagan daño a dejar de querer y de sentir.

En resumen para mí el amor que das y que recibes es la única huella que dejas en el mundo. Desde pequeña he querido dejar huella en este mundo, aunque no sabía muy bien cómo. Ahora lo he descubierto, dejaré huella a través del amor. Aunque a veces sea muy difícil y aunque la vida te ponga retos que no te esperabas, intento que el amor sea mi filosofía de vida. 


Canción: Este verano- Cruz Cafuné. Imagen de Spotify 

USO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Considero que la Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta muy útil y, por ello, la utilizo con frecuencia para hacer apuntes, entende...