Considero que la Inteligencia Artificial (IA) es una herramienta muy útil y, por ello, la utilizo con frecuencia para hacer apuntes, entender mejor el temario, sacar las ideas principales de un artículo, mejorar mi redacción, etc.
Sin embargo, para realizar este trabajo en concreto no me apetecía utilizar la IA. Al ser algo creativo y como me gusta escribir preferí redactar los post yo misma. Preferí que todo lo relacionado con la racionalidad y la creatividad fuera fruto de mi trabajo y utilice la IA para pequeñas puntualizaciones técnicas. Por ejemplo, la mayoría de mis post tienen una imagen creada con IA. Además, una vez redactado el post le pedía a la IA que me detectará posibles errores ortográficos e ideas mal expresadas. También le pedí que me realizara una lista con las ideas principales de algunos de los artículos que he utilizado. No obstante, me di cuenta de que se inventaba alguna de estas ideas y por ello, le pedí que me dijera en que página exacta encontrar cada idea y así yo comprobaba y verificaba la información. Por último, le pedí ayuda para citar en APA 7.
Siempre me ha gustado sonreír. Creo que una sonrisa transmite mucho. Sonríes cuando alguien está nervioso, con el objetivo de tranquilizarlo y que perciba un apoyo. Sonríes sin esforzarte cuando estás muy feliz. Sonríes cuando ves a alguien a quien quieres. Sonríes para transmitir cercanía, para que el que te ve sonreír no tenga miedo y entienda que puede confiar en ti. Sonríes por educación o por cordialidad. Sonríes para hacerte más fuerte, buscando un nuevo comienzo tras una crisis, infundiéndote así a ti misma positividad.
Creo que muchas veces infravaloramos el poder que tiene una sonrisa. Una sonrisa es un puente entre dos personas. Como ya he mencionado, siempre me ha gustado mucho sonreír. Siempre he intentado sonreír a las personas de mi alrededor, desconocidos o conocidos. Debido a esta rara afición mía, me di cuenta de que con frecuencia las personas de tu alrededor te devuelven la sonrisa o el gesto amable. A lo largo de estos últimos meses, esta idea no deja de rondar por mi cabeza. Mi reflexión sobre este tema no cesa debido a que he observado un incremento en los gestos de amabilidad y en las sonrisas que me devuelven las personas. Este aumento viene de la mano de un aumento también en mi felicidad y en las sonrisas que regalo. Durante segundo de Bachillerato, cuando tenía una gran carga educativa y un alto nivel de estrés, mi sonrisa se desdibujó. Por ello, ahora que estoy estudiando la carrera de mis sueños y que soy más feliz, sonrío con más facilidad y, en consecuencia, las personas también me sonríen con más facilidad. Por ejemplo, a lo largo de esta semana dos señoras me han dicho que tengo unos ojos preciosos. Estos cumplidos han sido el efecto de un primer gesto amable que yo he tenido con ellas. Mi tesis es: cuando tienes un gesto amable con alguien, la mayoría de las veces es recompensado.
Quiero destacar otra reacción fundamental que he detectado al aplicar esta filosofía de vida. Aunque normalmente mi gesto es agradecido y correspondido, me llama mucho la atención que la primera reacción de las personas siempre sea la sorpresa. Siempre observo un sobresalto inicial, un miedo a que mis intenciones no sean legítimas o una falta de costumbre a la idea de que un desconocido te va a ayudar. En la sociedad actual, estamos más acostumbrados a esperarnos el mal que el bien, a sentir miedo antes que confianza y a que nos abandonen en vez de ayudarnos. Esta desconfianza parece algo natural, ya que tenemos una visión antropológica pesimista. Esto es reflejado a la perfección por Hobbes con su frase: "El hombre es un lobo para el hombre". Esta visión defiende que, debido al egoísmo natural de los seres humanos, el estado de naturaleza sería un espacio horrible donde prevalecería la desconfianza sistemática y el miedo constante al otro.
Personalmente, esta visión me parece triste. Es cierto que tampoco podemos olvidar la realidad de que no todas las personas son buenas y que, muchas veces, esta desconfianza nos ayuda a protegernos. No propongo ser ingenuos, propongo que, si podemos tener un pequeño gesto para alegrarle el día a alguien, lo llevemos a cabo sin vergüenza ni dudas. Optar por la amabilidad no es un camino difícil y, gracias a mis experiencias, puedo afirmar que te mejora la vida. En primer lugar, ver cómo los demás viven aunque sea un corto instante de felicidad te hace sentir más feliz y realizado. Asimismo, si necesitas ayuda, aquel al que tú has ayudado no dudará en brindártela.
A veces pensamos que para conectar con los demás necesitamos grandes gestos. Sin embargo, la ciencia demuestra que a veces es suficiente con una simple sonrisa. Según la hipótesis de la "simulación encarnada" (Gallese, Eagle y Migone, 2007) nuestro cerebro está diseñado para "reflejar" lo que vemos en el otro. Cuando observas a alguien sonreír, tus neuronas activan automáticamente los mismos músculos faciales (específicamente el músculo cigomático) que usa la otra persona. Gracias a las neuronas espejo, tu cuerpo reconstruye internamente la sensación de felicidad que observas en el otro. Es decir, al ofrecer una sonrisa, estás activando un reflejo biológico de bienestar en el cerebro de quien te mira.
Imagen de Pinterest: Neuronas espejo y empatía - Mariavaleras
Trasladando esta reflexión al ámbito pedagógico, considero que en el aula la sonrisa del docente es una herramienta fundamental para construir un espacio seguro. Como futuras educadoras, debemos ser conscientes de que el aprendizaje real solo ocurre cuando el niño se siente protegido y validado. Los niños perciben con mucha facilidad el estrés y el miedo de los adultos y, por ello, debemos cuidar nuestros gestos, tratando de transmitir confianza a través de una mirada amable y una sonrisa sincera. Así, enviaremos a nuestros alumnos un potente mensaje. Los invitaremos a confiar en nosotros/as, a disfrutar, a reír, a jugar y a aprender.
En conclusión, mis experiencias me han demostrado que la sonrisa y la amabilidad son dos de las fuerzas más transformadoras que poseemos. Es una acción muy pequeña, que puede parecer insignificante, pero que produce enormes beneficios tanto en nosotros mismos como en los demás. Los retos de la vida muchas veces no son fáciles, así que, si podemos ser amables ¿por qué vamos a elegir no serlo? No sabemos el día que puede estar viviendo la otra persona, pero lo que sí sabemos es que una sonrisa transmite mucho.
Referencias:
De las Heras, P. (18 de junio de 2021). ¿Es el hombre un lobo para el hombre? Ethic.
Gallese, V., Eagle, M. N., y Migone, P. (2007). Entonamiento emocional: neuronas espejo y los apuntalamientos neuronales de las relaciones interpersonales. Aperturas Psicoanalíticas: Revista de Psicoanálisis, (26).
Cuando recuerdo mi infancia, de manera inevitable me acuerdo también de mis abuelos. He tenido la gran suerte de crecer con ellos, con los cuatro. Son innumerables las experiencias que he vivido con ellos y puedo afirmar con total certeza que yo no sería yo sin esas vivencias. Entre esas experiencias recuerdo pasar el día con ellos cuando me ponía enferma o cuando no tenía clase, comer en casa de mi abuela materna los domingos, jugar en el patio con mi abuelo paterno mientras nos reíamos de sus chistes sobre el chatarrero, pasear con mi abuela paterna y que me comprara pegatinas, hacer "cocinitas" con mi abuela materna, comerme el jamón serrano que mi abuelo materno me daba a escondidas en Navidad...
Es raro, porque hay muchos momentos de mi infancia que he borrado de mi memoria, pero recuerdo todo lo que he vivido con mis abuelos como si fuera ayer. Además, aunque ahora el tipo de ocio ha cambiado, mis abuelos siguen siendo una parte fundamental de mi vida. Ahora, comparto momentos con ellos tan importantes como esas noches de verano en las que comparto habitación con mi abuela materna porque nadie más quiere dormir con nosotras debido a lo ruidosas que somos. Cuando voy a visitar a mis abuelos paternos, mi abuelo se alegra de verme más de lo que nadie se ha alegrado jamás y mi abuela está encantada de pasar tiempo charlando conmigo. Mi abuelo materno me sigue haciendo reír como cuando era pequeña y me sigue mimando de la misma forma.
Te puedo enumerar una serie de valores, conocimientos e ideas que he aprendido de cada uno de mis abuelos, pero la verdad es que esa lista no reunirá ni una cuarta parte de todo lo que he aprendido de ellos. Sin embargo, lo voy a intentar.
Mi abuela paterna (Lola) me ha transmitido su amor por las letras y la enseñanza. Me ha enseñado lo importante que es leer y dar rienda suelta a tu curiosidad y creatividad. Me enseñó a hacer torrijas, a ser organizada y, como ella decía cuando eramos pequeñas, a no "hacer marranatos en la mesa" . Me enseñó, con su ejemplo, a mantener una conversación interesante, a elegir las batallas que realmente merece la pena luchar y a transmitir templanza. Me encanta hablar con ella de libros y que me cuente historias. Me ha enseñado lo importante que es la cultura y el saber, no como un paso para aprobar exámenes, ganar dinero o como una mera formación profesional, sino como herramientas para alcanzar una mayor humanización.
Mi abuelo paterno (Enrique) me ha enseñado el significado de las palabras disciplina, valentía, tranquilidad, bondad y positivismo. Estoy segura de que mi fuerza de voluntad es un resultado de su labor educativa. Además, me ha transmitido toda esta fuerza y coraje a través de la bondad y la tranquilidad. Mi abuelo Enrique tiene un corazón enorme y es el ejemplo de que para enseñar a los niños a ser responsables y a tener disciplina no hace falta hacerlo a gritos, sino que lo aprenden a través del juego, el ejemplo y la comprensión. Mi abuelo Enrique siempre jugaba con nosotras y es uno de mis principales modelos a seguir. Le admiro muchísimo.
Mi abuela materna (Isa) me ha enseñado a ser buena, empática, generosa y a cuidar de los demás. Diariamente, intento aplicarme su forma de ver la vida. No siempre lo consigo porque mi carácter es más fuerte que el suyo, pero su filosofía de vida, caracterizada por dar sin esperar nada a cambio, me ha parecido tan valiosa que todos los días la intento llevar a la práctica. Una de las características que más me definen es mi empatía. Siempre pienso en cómo se están sintiendo el resto, presto atención a sus movimientos y trato de imaginarme que están pensando. Es uno de los motivos por los que he elegido esta carrera, porque quería ayudar y proteger a los niños, en especial a aquellos que más lo necesitan. Estoy orgullosa de poder decir que he adquirido este rasgo de mi personalidad gracias a mi abuela Isa.
Mi abuelo materno (Manolo) me ha enseñado a reírme por cualquier tontería y la importancia de la familia. También me ha enseñado a tomarme las cosas en serio y a ser responsable, ya que cuando a mi abuelo el médico le hace una indicación o incluso cuando él mismo se propone algo lo ejecuta sin dudar ni flaquear. Por ejemplo, en las bodas de mis primos se ha propuesto no comprarse un traje nuevo y sigue su dieta a rajatabla. Los dos nos reímos cuando nos damos cuenta de los actos que hacemos igual, como comprobar siempre antes de cerrar el lavaplatos que las aspas giran, comernos la comida muy rápido y empezando siempre por lo que menos nos gusta, etc. Mi abuelo siempre está dispuesto a ayudar a aquellos que quiere cuando estos lo necesitan, sobre todo a mi abuela. Me ha enseñado la importancia de cuidar con pequeños actos simbólicos.
Si tuviera que resumirlo en una sola frase, quizás demasiado simple afirmaría que mi racionalidad es el resultado de la labor educativa de mi abuela Lola, mi fortaleza es el resultado de la acción de mi abuelo Enrique, mi corazón es el resultado de la labor educativa de mi abuela Isa y mi sentido del humor es fruto de la acción de mi abuelo Manolo. Es decir, gran parte de mi identidad la he construido gracias a las experiencias y al ejemplo que me han proporcionado mis abuelos.
Según Martínez Martínez (2017) las transformaciones económicas y sociales del siglo XXI han otorgado a los abuelos un papel protagonista y activo en la educación de sus nietos. Son una pieza clave en la educación informal a través de la transmisión de valores de humanización como la sabiduría, la empatía, el sentido del humor y la perseverancia. Es decir, este nuevo rol de los abuelos no se limita solo al cuidado físico o la custodia, sino que implica una participación directa en la formación de la identidad y el desarrollo integral de los nietos.
Es importante seguir una serie de pautas para que esta acción educativa sea efectiva. Seco Villar (2009) divide estas instrucciones en dos grandes ámbitos según el agente educativo al que se refieran. En primer lugar, en cuanto a los abuelos, deben evitar la tentación de hacer de padres; deben respetar y reforzar los criterios educativos de sus hijos; mimar, consentir y ser tolerantes pero sin excesos; proteger y cuidar a los niños; no descalificar o contradecir a los padres; transmitir vivencias y recuerdos; limar asperezas entre padres e hijos y mantener la relación con sus nietos sin importar las dificultades. En cuanto a los padres, deben enseñar a sus hijos a respetar y querer a sus abuelos; visitarles, ayudarles, cuidarles y demostrarles afecto; no deben sentir celos de la relación de sus hijos con sus abuelos; dejar que mimen y consientan a sus hijos; valorar y agradecer su tarea; no exigirles demasiado y conversar con ellos sobre reglas, funciones y límites.
En definitiva, la acción de los abuelos es fundamental, ya que ayudan a los individuos a desarrollarse, humanizarse y construir su propio sistema de valores. Considero que la magia de este agente educativo es que ellos no pretenden alcanzar el gran efecto que consiguen. Es decir, el bienestar que causan nace del amor tan espontáneo que sienten hacia sus nietos. Sus actividades no persiguen un fin (a diferencia de otros agentes educativos) y eso es precisamente lo que les hace especiales.
Cuéntame, ¿qué te han enseñado tus abuelos?
Referencias:
Martínez Martínez, A. L. (2017). El rol de agentes educativos en los abuelos del siglo XXI: transmisión de valores y principales factores que influyen en el grado de relación mantenida con sus nietos. La Razón Histórica: Revista Hispanoamericana de Historia de las Ideas, (37), 44-76. portalinvestigacion.um.es/documentos/63c5f95d7f5a617e754decfe
Seco Villar, M. L. (2009). Los abuelos en la educación de los niños. Padres y Maestros / Journal of Parents and Teachers, (323), 8-11. https://revistas.comillas.edu/index.php/padresymaestros/article/view/1376
¿Cuántas veces habéis escuchado la afirmación "ya no hace falta el feminismo, hombres y mujeres tenemos los mismos derechos"? Sí, tenemos los mismos derechos, pero eso no significa que se cumplan. En la actualidad observo cómo muchos hombres rechazan el feminismo, alegando que las feministas, "odian a los hombres". Eso es incorrecto, el feminismo defiende que no todos los hombres son malos, pero existe porque todas tenemos una historia que contar.
¿No os parece indignante? Un 50% de la población ha vivido situaciones de violencia, de miedo, de acoso, de intimidación o de infravaloración simplemente por su género. Creo que la desigualdad de género es un problema estructural y, en consecuencia, hay algo que estamos transmitiendo a nuestros niños y niñas. Pero encontrar ese currículum oculto no es fácil, debemos de cuestionar todos y cada uno de los aspectos que tenemos interiorizados.
Una primera imposición a la mujer es la exigencia de ser amable, dócil, paciente y tranquila siempre. Cuando somos pequeñas muchas veces hay un niño que nos molesta, que nos pega o que incluso nos levanta la falda. Entonces, tú llorando vas al profesor o al adulto de turno y este, para consolarte, te dice la típica frase: "te molesta porque le gustas" ¿Qué les estamos enseñando a nuestras niñas? Que cuando un chico te trata mal, es violento contigo y te incomoda, es que le gustas. Entonces le tienes que perdonar, tienes que aguantarte y tienes que fingir para agradar. Nos enseñan a ser tranquilas, pacientes y dóciles. Aquellas que pierden la paciencia son las "locas". Perdemos el derecho a enfadarnos, porque a nadie le gusta una mujer enfadada.
Cuando eres ya más mayor, sales de fiesta y parece que un elemento indispensable de la noche es el pesado de turno. Este es el chico que se acerca cinco veces a ti durante la noche y al que tú rechazas las cinco veces con un "no, lo siento". Si a la sexta ya le contestas mal, entonces eres una borde, una loca y una exagerada porque "qué dices si yo no quería nada contigo". A nosotras se nos enseña a no perder la sonrisa por nada del mundo y a ellos se les enseña que "el que la sigue, la consigue". Estos hombres son los mismos que, cuando después de declararse, les rechazas amablemente te insultan y te menosprecian (la típica frase de "no eras tan guapa").
Luego está el miedo. Ser mujer y pasar miedo van de la mano. Recuerdo que la primera vez que me silbaron tenía 12 años. Estaba paseando con mi abuela y mi hermana, llevaba unos leggins y una sudadera y cuando caminaba por la calle escuche unos silbidos y me giré. Ví a unos hombres de unos 40 años sonriéndome y mirando. Me giré y seguí andando, asustada, sin entender muy bien lo que pasaba. A partir de ahí los pitidos, las miradas, los comentarios obscenos, el cambiarse de acera, etc, pasaron a ser constantes en mi vida. Hay veces que ni nos damos cuenta. Es increíble, tenemos tan normalizado ser tratadas como objetos que ya ni percibimos estas faltas de respeto. Otras veces me quedo en shock, ocurre de repente, pasa un coche, te pita y sigue tan normal. Para ellos es una broma, algo normal, una forma de demostrarte que son "mejores que tú". Para ti es un instante lleno de miedo, de rabia y de incertidumbre. El último tipo de reacción es cuando te enfadas, cuando les gritas de vuelta. Pero entonces ya estás en peligro, porque ¿qué pasa si deciden darse la vuelta? ¿Si deciden seguirte como venganza por tu grito? Entonces sería mi culpa, mi culpa por no haberme callado, por haberme puesto en peligro. Porque lo que más rabia me causa cuando me pasa esto es que, a través del miedo, se aseguran de hacerte sentir inferior. Como ellos normalmente tienen más fuerza física, tú te tienes que callar.
It's second nature to walk home before the Sun goes down
And put your keys between your knuckles when there's boys around
Isn't it funny how we laugh it off to hide our fear
When there's nothing funny here?
Sick intuition that they taught us, so we won't freak out
We hide our figures, doing anything to shut their mouths
We smile away to ease the tension so it don't go south
But there's nothing funny now
Canción "Boys will be boys"- Dua Lipa
En una misma línea, ser mujer y los temas tabú también son inseparables. En pleno siglo XXI, la menstruación femenina se sigue tratando como un secreto vergonzoso. Cuando yo era las pequeña, las chicas se contaban como un cotilleo quiénes eran las primeras en tener la regla. Mientras, los chicos se reían de esas mismas chicas. La primera idea que reciben las niñas sobre la menstruación es que se debe esconder, que es algo vergonzoso y asqueroso. Cuando vas al baño no escondes un paquete de pañuelos pero si escondes una compresa ¿por qué? No hay nada más natural y normal que la menstruación, pero tenerla es un secreto. De la misma forma, cuando ya tienes 15-16 años es vergonzoso no tener la regla, a las chicas que les sucede esto tienen un complejo enorme ¿A cuántas niñas se les dice que con su primera regla ya son mujeres? No, no son mujeres son niñas de 12,13,14,15... años. Si les dices que ya son mujeres estás diciéndoles que ya tienen que ser maduras y adultas de la noche a la mañana. A las mujeres siempre se nos exige ser reponsables, de lo nuestro y de lo de los demás. Asimismo, a las adolescentes se les dice que tienen que protegerse y cuidarse, que no pueden no usar anticonceptivos. No digo que esto esté mal, todo lo contrario, es necesario formar a los adolescentes en salud sexual. Pero, ¿les damos la misma charla a los hombres?
La respuesta, según las investigaciones de la psicóloga María Raguz, es que no. A lo largo de la historia se ha establecido un enfoque donde la reproducción y la planificación son vistas como un "asunto de mujeres", centrado casi exclusivamente en el cuerpo femenino. Esta educación diferencial tiene consecuencias directas en la autonomía de la mujer. El estudio señala que, mientras a nosotras se nos carga con la responsabilidad de "cuidarnos", muchos hombres son educados en una masculinidad que, o asocia el uso de protección con una pérdida de placer o de control, o no se preocupa por tener relaciones sexuales seguras ya que el estereotipo existente asocia la virilidad masculina al descontrol y al riesgo. Al final, esta falta de educación en la corresponsabilidad masculina convierte un acto que debería ser mutuo en una forma de descompromiso y ejercicio de poder que nos deja solas ante las consecuencias.
Otra de las exigencias de ser mujer es ser perfecta. Desde pequeñas crecemos con películas en las que las protagonistas realizan dietas extremas. Así, crecemos con la idea de que las villanas son "gordas" y las princesas "delgadas". Poco a poco, se nos establece la idea en la cabeza de que si no eres delgada no eres válida. El diario ABC (2021) nos informa de que en España hay 400.000 personas que sufren anorexia nerviosa, bulimia o trastornos por atracón. Según la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), de estas 400.000 personas un 90% son mujeres. Esta misma asociación señala que
«La presión social ejercida sobre las mujeres y las niñas es un factor de riesgo con una influencia evidente en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos de la conducta alimentaria. Es necesario y urgente cambiar el modelo de belleza femenino actual, excesivamente delgado, por un modelo que fomente la salud y el respeto por la diversidad corporal». Los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) son la tercera enfermedad crónica entre la población femenina adolescente de los países desarrollados como España.
Vídeo de Youtube: Las chanels comen algodón- chaneloberlinla1235
Esta exigencia de perfección no solo se limita al aspecto físico. Tienes que ser una madre perfecta, una esposa perfecta, una profesional impecable, etc. Recuerdo una frase que me dijo mi madre que se me quedó grabada: "Un padre que lleva a sus hijos al McDonald's es un padre guay. Una madre que lleva a sus hijos al McDonald's es una mala madre". Todo lo que hace una mujer lo tiene que hacer bien, porque cuando eres mujer tienes que cumplir un ideal impuesto en el que no se te permite tener defectos ¿No os parece absurdo que cuando una mujer famosa o con poder sale en las noticias se habla sobre su ropa, su maquillaje, etc, pero nunca de sus ideas?
Un ejemplo de esto fue cuando una de las abogadas más prestigiosas del mundo, Amal Clooney, realizó un discurso en la ONU defendiendo los derechos humanos y un titular comento su "baby bump". Incluso cuando logramos ocupar espacios de poder, el currículum oculto nos persigue. A una mujer científica, política o empresaria no se le juzga solo por la brillantez de sus resultados, sino que se la somete a un escrutinio asfixiante que los hombres desconocen. Para el mundo, nuestras ideas nunca vienen solas: vienen acompañadas de una lista interminable de expectativas sociales que debemos cumplir para ser consideradas "válidas".
En definitiva, si realmente queremos transformar el mundo, debemos empezar por la educación. No basta con enseñar igualdad, debemos desprendernos de todas aquellas ideas que tenemos interiorizadas, evitando transmitir estas reglas no escritas a nuestras hijas e hijos o a nuestros alumnos y alumnas. La desigualdad de género va mucho más allá, es un problema estructural que dicta unas exigencias imposibles e invisibles a las mujeres. Ser libres e iguales implica tomar conciencia de estas exigencias y romper con ellas.
¿Y tú qué piensas? ¡Espero que este post te haya ayudado a tomar conciencia y que todos juntos podamos luchar por un mundo más justo!
Referencias:
Raguz, M. (2000). Salud sexual y reproductiva y el desarrollo de las mujeres: el rol de los hombres. Revista de Psicología de la PUCP, 18(1), 105-144. dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4531345
Seguro que muchas veces habéis dicho o escuchado la frase de "es que yo solo sé estudiar con la presión del día antes". Creo que esto es un problema, según mi experiencia como alumna y como profesora de clases particulares, una gran parte del alumnado en España no alcanza el éxito académico por un simple motivo: no sabe por dónde empezar a estudiar y no sabe planificar su estudio.
Nos dicen que tenemos que llevar las cosas al día, pero nadie nos enseña como hacerlo. Creo que el sistema educativo español funcionaría mucho mejor si aprendiéramos a planificar y organizar nuestro estudio. Es fundamental enseñar a los estudiantes de primaria a gestionar el tiempo y a identificar las tareas que deben hacer. Así, pueden comprender lo que es la responsabilidad, entendiendo este concepto no como una carga (tal y como la mayoría de adultos la perciben), sino como una parte fundamental del día a día del ser humano. Al fin y al cabo, si les dotamos de estas estrategias desde que son pequeños, evitaremos que lleguen a la educación secundaria desbordados y sin motivación
En el artículo de Durán y Pujol (2012) se distinguen cuatro estilos de aprendizaje.
El estilo activo se caracteriza por una personalidad más dinámica, arriesgada y espontánea.
El estilo reflexivo se caracteriza por una metodología analítica, meticulosa y receptiva.
El estilo teórico se caracteriza por ser objetivo, evaluativo y lógico.
El estilo pragmático se caracteriza por una personalidad más directa, realista y experimental.
Como se constata en el artículo, cada alumno es diferente, su forma de aprender es distinta, por lo que su forma de organizarse también va a ser distinta. Estos estilos de aprendizaje no son cerrados ni condicionantes, el alumno puede utilizar elementos de diferentes estilos, así como variar su forma de estudiar según la asignatura, la etapa vital o el profesor.
Considero que el profesor debe ayudar a cada alumno a encontrar su estilo de aprendizaje, definiendo así las mejores herramientas de estudio. De esta forma, se resolverían aquellos casos en los que el alumno se pasa horas estudiando pero no alcanza sus objetivos, ya que esto muchas veces se debe a que el método de estudio que utiliza no encaja con su estilo de aprendizaje. Además, conocer los estilos de aprendizaje de su alumnado mejora enormemente la labor educativa del docente, ya que le permite adaptar sus explicaciones y actividades a sus alumnos. Cada alumno y cada clase es diferente y no podemos afirmar que estamos cumpliendo nuestra función como profesores si no nos esforzamos por entender nuestra clase y adaptar nuestros métodos a ella.
Por otro lado, el artículo también hace referencia a los pasos en los que se divide la organización del estudio. Para gestionar bien el tiempo debemos establecer metas claras, controlar el tiempo del que disponemos y verificar si estamos cumpliendo nuestros objetivos. En conjunto, disponer de herramientas para llevar a la acción cada uno de estos pasos permite una gestión eficaz del tiempo.
En primer lugar, para establecer metas claras podemos utilizar listas de tareas pendientes, esquemas con los contenidos y las partes en las que se divide cada asignatura, o tener claros los criterios de evaluación y los objetivos del profesor...
En segundo lugar, para controlar el tiempo podemos utilizar técnicas de estudio como el método Pomodoro, dividir el temario a estudiar por días (importante apuntar esta división en agendas o calendarios), fijar fechas límite o establecer un periodo de tiempo fijo para la realización de cada tarea (por ejemplo de 18:00 a 20:00 estudio historia)...
Por último, para verificar si estamos cumpliendo nuestros objetivos, recomiendo reservar un día a la semana para repasar o realizar aquellas tareas que no hayamos realizado a tiempo. Si hemos cumplido nuestros objetivos, como recompensa nos dejamos ese día "libre". Además es importante que el día antes de un examen no se realice un estudio profundo, es decir, ese día solo no nos debe quedar nada por estudiar, está reservado para repasar. Esto permite consolidar correctamente la información aprendida y reducir el estrés previo a un examen.
Este repaso debe ponernos a prueba a un nivel real: podemos recitar el temario aprendido, realizar exámenes de prueba o realizar esquemas para organizar la información... No se trata de leer el tema una y otra vez de forma pasiva, sino de forzar a nuestra mente a recordar lo aprendido para comprobar qué áreas necesitamos reforzar.
Una vez hemos sido evaluados por el profesor, debemos ser autocríticos, analizar si hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos o si debemos poner más de nuestra parte. Es importante tener en cuenta que es difícil encontrar el método perfecto para gestionar el tiempo, si el primero que utilizamos no funciona podemos probar con otros, no hay que rendirse. Tampoco debemos imponernos una perfección inalcanzable, si hemos hecho todo lo que hemos podido debemos reconocer nuestro mérito y estar orgullosos. La autocrítica debe servirnos para aprender y mejorar de cara al futuro, nunca para castigarnos o hacernos sentir inferiores.
Cabe destacar que cada alumno es diferente y que el objetivo no es que todos saquen un diez cueste lo que cueste. El objetivo de enseñar a gestionar el tiempo es que los alumnos aprendan a ser responsables, que no sientan esa frustración de no saber por dónde empezar o de ver que sus esfuerzos no dan resultado, que no vivan con tanto estrés por estudiar el día anterior a un examen y que puedan utilizar el mejor método posible para alcanzar sus objetivos.
Hay muchos factores que influyen en el rendimiento académico, no todos se pueden controlar, pero aprendiendo a gestionar el tiempo puedes controlar todos aquellos factores que dependen de tus acciones y así luchar todo lo posible para alcanzar tus objetivos vitales, cuidando tu salud mental al mismo tiempo. En resumen, una gestión eficaz del tiempo a través de la organización mejora enormemente la calidad de vida del alumno.
Referencia:
Durán Aponte, E., y Pujol, L. (2012). Estilos de aprendizaje, gestión del tiempo y rendimiento académico en estudiantes universitarios. En F. Guerra López, R. García Ruiz, N. González-Fernández, P. Renés Arellano, & A. Castro Zubizarreta (Coords.), Estilos de aprendizaje. Investigaciones y experiencias: V Congreso Mundial de Estilos de Aprendizaje. Universidad de Cantabria.
Tanto para el alumno como para el profesor es difícil saber qué hacer cuando el alumno está viviendo un mal momento y no es capaz de atender, estudiar o aprobar. ¿Intentas que apruebe y que se concentre o hablas con él para ver qué es lo que le está atormentando? Recuerdo que en clase de Teoría de la Educación la profesora definió a la perfección este debate con una sola oración: "En la educación siempre nos encontramos en la tesitura de atender lo urgente o lo importante".
Siempre he sido muy responsable y he sido capaz de llevar las cosas al día. Pero, a lo largo de mi trayectoria como estudiante, he vivido varias veces esta situación de desesperanza por no ser capaz de mantener la concentración durante ciertas malas etapas de mi vida. La última vez fue a principios del segundo cuatrimestre de la carrera cuando me rompieron el corazón. Recuerdo sentir muchísima frustración porque me sentaba delante del ordenador y no era capaz de hacer nada. No podía pensar en los estudios ni tenía la energía para hacer nada.
Durante la mayoría de etapas en las que mi estado emocional era peor, mi rendimiento académico disminuyó. Solamente hubo una experiencia en la cual mi rendimiento subió: durante una mala etapa que viví a finales de primero de Bachillerato. Sentía un dolor emocional increíble, pero utilicé ese dolor para motivarme, para demostrarme a mí misma que podía con todo. Estudié muchas más horas de lo normal, utilizando las notas como distracción y como valoración, consiguiendo así subir mi media un punto.
Aunque en esta experiencia conseguí transformar el dolor en superación, realmente no es sano centrarte en la dimensión académica para no sentir el dolor. Además, es muy difícil hacerlo; lo normal es sacar peores notas durante una mala experiencia. Esto nos lleva al eterno debate pedagógico: ¿Qué debes hacer? ¿Reprimir tu dolor y seguir adelante o centrarte demasiado en ese dolor y abandonarte?
Creo que, tal y como defiende Aristóteles, lo fundamental es encontrar un punto medio, ese punto medio en el que se encuentra la virtud. Debes entenderte y cuidarte, permitirte estar triste o sentir dolor, no bloquear ni infravalorar esas emociones. Pero, también debes aprovechar esa mala experiencia para mejorar como persona. No debes permitir que el resto de ámbitos de tu vida se hundan cuando uno se hunde. Creo que tu personalidad está compuesta por un conjunto de dimensiones y que debes cuidarlas todas. Si una desaparece o cambia no pasa nada, sigues siendo tú porque el resto de dimensiones de tu personalidad se mantienen intactas. Por ejemplo, ahora la parte de mi personalidad formada por mi relación romántica ha desaparecido. Eso no implica que yo haya desaparecido o que esté menos "entera"; sigo disponiendo de las otras partes de mi personalidad (amigos, estudios, familia, hobbies...) a las que cuido y a las que quizás ahora puedo dedicar más tiempo.
En resumen, creo que los profesores deben entender que sus alumnos no van a ser los mismos cuando están pasando por una mala etapa. Deben permitirles vivir esas emociones y enseñarles a gestionarlas, no a ocultarlas. Como alumnos, creo que ante una mala experiencia podemos salir fortalecidos; no debemos nunca rendirnos y abandonarnos. Tenemos que cuidar todas las dimensiones de nuestra vida, asegurándonos de que la pérdida de una no nos hunda, pero permitiéndonos vivir la ira, la tristeza, la frustración o la desgana que a veces nos acompañan.
Continuación...
Hoy, día 14 de mayo de 2026, me ha parecido interesante completar este blog para contaros mi experiencia a lo largo del segundo cuatrimestre de la carrera. Este curso escolar he vivido un bloqueo que nunca antes había experimentado. Mi creatividad, mi fuerza de voluntad, mi capacidad de concentración; en resumen, todo lo que me hacía ser una buena estudiante, ha desaparecido. Cuando empecé este blog estaba empezando a vivir este bloqueo y pensé que, como otras veces, iba a ser una cuestión de semanas; sin embargo, han ido pasando los meses y esta situación persiste.
Si soy sincera, no entiendo muy bien las causas. Puede ser el cambio de Bachillerato a la universidad, ciertas crisis y cambios que he vivido a lo largo del curso, la desaparición de la presión presente en Bachillerato ("tengo que sacar un nueve"), el cambio de rutina causado por el horario de tarde... No tengo ni idea de cuál es el motivo exacto de mi bloqueo, lo único que sé es que desde hace meses no hay ninguna actividad que haga que me concentre al cien por cien. Es decir, siempre que estoy intentando concentrarme en algo tengo mínimo dos líneas de pensamiento abiertas, lo que hace imposible mantener mi atención al cien por cien ya que analizo infinitos temas diferentes a la vez.
Tener estas líneas de pensamiento abiertas a la vez es algo agotador. Te sientas a escribir un trabajo para la carrera, pero al mismo tiempo estás analizando todas tus preocupaciones. Al final, no consigues avanzar en nada y la frustración aumenta. A veces nos pensamos que los bloqueos ocurren porque no nos esforzamos lo suficiente o porque hemos perdido el interés, pero la realidad es que tu cerebro simplemente se satura cuando intentas atender a demasiados frentes a la vez. He tenido que aprender que no siempre se puede tener el control de todo y que obligarte a estar al cien por cien cuando estás viviendo una crisis solo sirve para sentirte peor.
Como futura educadora, creo que vivir este proceso me está enseñando una lección fundamental. Ahora sé perfectamente lo que siente un alumno cuando quiere hacer las cosas bien pero su mente está en otro sitio. Entiendo esa frustración de querer concentrarte y no ser capaz de ordenar tus ideas. En el futuro, cuando esté en un aula y vea a un alumno que baja su rendimiento o que se muestra ausente, no pensaré que es perezoso o que no quiere estudiar. Creo que es muy fácil juzgar pero siempre debemos intentar mirar más allá. Nuestra labor no es suspender, sino ayudar al individuo a desarrollarse y, por ello, no podemos ignorar los posibles aspectos socio-emocionales que pueden estar condicionando el rendimiento académico de nuestros alumnos. Por ello, cuando me encuentre con un alumno cuyo rendimiento académico disminuye sospechosamente hablaré con él, buscaré que se sienta comprendido y apoyado e intentaré motivarle pero sin que se sienta presionado a alcanzar una perfección imposible.
En definitiva, creo que este bloqueo también es una parte de mi aprendizaje. No es un camino fácil y muchas veces me cuesta aceptarlo, pero sé que no debo rendirme. Los periodos de cambio requieren tiempo y maduración. Por ahora, estoy cuidando de mi dimensión académica ya que no debo abandonarla, pero me estoy permitiendo no exigirme la perfección. Estoy segura de que de esta experiencia también saldré fortalecida y que me ayudará a ser una mejor profesora.
Soy María Pérez, tengo 19 años y soy estudiante del doble grado de Educación Primaria y Pedagogía. A través de este blog quiero dejar reflejada mi visión del mundo, expresando mi opinión sobre diferentes temas que hablemos en clase o sobre diferentes experiencias cotidianas que me lleguen al alma.
No tengo sueños lujosos, no quiero ser jefa de una importante empresa, ni cobrar mucho dinero, ni tener una casa grande y lujosa. Mi mayor sueño es vivir rodeada de amor. Quiero ser PT, porque creo que todos los niños deben ser protegidos y cuidados. Desgraciadamente algunos no lo son y me gustaría poder contribuir a cambiar esto. Quiero que todos mis futuros alumnos encuentren un lugar seguro en mis clases. Me gustaría casarme con alguien a quien ame profundamente, quiero que el amor, el respeto y el cariño nunca falte en mi casa. Otro de mis sueños sería ser madre, ya que tengo un fuerte instinto maternal, en concreto me gustaría tener tres hijos.
Soy hermana mayor, uno de los factores más decisivos de mi vida. Soy quien soy gracias a mis hermanos. Tengo una hermana a la que solo le saco 21 meses, es mi compañera de vida. Lo hemos hecho todo juntas, jugar, aprender, crecer... Siempre hemos compartido cuarto. Lo increíble es que a pesar de que hemos recibido la misma educación, nos hemos desenvuelto en el mismo ambiente y tenemos los mismos rasgos físicos, somos polos opuestos. A ella le gustan las ciencias, es más tranquila y más tímida. Yo hablo por los codos, soy una amante de las letras y siempre he sido muy inquieta.
A mi hermano Juan le sacó ocho años, fue una de las mejores sorpresas de mi vida. Al ser tan pequeño siempre he tenido un instinto super fuerte que me empuja a protegerle, cuidarle y quererle incondicionalmente. Este instinto se ha contagiado al resto de los niños, naciendo así mi vocación. Juanito es super sensible y super cariñoso, me siento muy identificada en él. Por dificultades de la vida he tratado de esconder esa sensibilidad, pero me gustaría que Juan no tuviera que hacer lo mismo.
Ese instinto de protección que me caracteriza lo he tenido siempre. Antes de querer entrar en esta carrera quería estudiar Educación social o Trabajo social. Mi objetivo siempre ha sido el mismo: proteger a los niños. Decidí estudiar esta carrera porque estaba más orientada a los niños y con las otras podía acabar trabajando en más ramas.
Me gusta el color azul, reír hasta llorar y sonreír todo el rato. Me encanta ver las mismas series y películas una y otra vez, en concreto veo en bucle la misma serie: la que se avecina. Me gusta mucho escuchar canciones y sentirlas intensamente. Me gusta que me hagan regalos personales, me encanta celebrar los cumpleaños porque son días en los que demuestras que quieres mucho a alguien. Me gusta esforzarme para conseguir mis objetivos y tengo mucha fuerza de voluntad para ello. Siempre he sido muy responsable y no soy capaz de mentir. Me gusta mucho leer, de pequeña era una friki de Harry Potter (me llamaban Mery Potter), me encanta sumergirme en otros mundos porque me da mucha paz. Me encanta hablar con todo el mundo, salir de fiesta y compartir momentos especiales con mis amigos. Me gusta cuidarme, siempre que tengo algo importante que hacer me arreglo mucho para motivarme y estar contenta.
Siempre me han dicho que soy un torbellino, lo siento todo muy intensamente. Esto tiene su parte buena y su parte mala. Significa que puedo llorar de felicidad y sentir que me va a explotar el pecho de todo el amor que siento. Pero, también significa que me duelen mucho ciertos gestos y palabras. Con los años he ido trabajando mucho en esta sensibilidad, he intentado ser más fuerte y que no me importe tanto la opinión de los demás, pero he aprendido a reconocer y a aceptar mi sensibilidad, a no intentar ser alguien que no soy. Tengo que decir que todos se piensan que soy un poco "blanda" y que me tengo que curtir, pero yo me considero una luchadora porque nunca me rindo. Prefiero seguir siendo un "poco blanda" y que me hagan daño a dejar de querer y de sentir.
En resumen para mí el amor que das y que recibes es la única huella que dejas en el mundo. Desde pequeña he querido dejar huella en este mundo, aunque no sabía muy bien cómo. Ahora lo he descubierto, dejaré huella a través del amor. Aunque a veces sea muy difícil y aunque la vida te ponga retos que no te esperabas, intento que el amor sea mi filosofía de vida.
Canción: Este verano- Cruz Cafuné. Imagen de Spotify