Seguro que muchas veces habéis dicho o escuchado la frase de "es que yo solo sé estudiar con la presión del día de antes". Creo que esto es un problema, bajo mi experiencia como alumna y como profesora de clases particulares, una gran parte del alumnado en España no alcanza el éxito académico por un simple motivo: no sabe por dónde empezar a estudiar y no sabe planificar su estudio.
Nos dicen que tenemos que llevar las cosas al día pero nadie nos enseña cómo hacerlo. Creo que el sistema educativo español funcionaría mucho mejor si aprendiéramos a planificar y organizar nuestro estudio. Es fundamental enseñar a los estudiantes de primaria a gestionar el tiempo y a identificar las tareas que deben de hacer. Así, pueden comprender lo que es la responsabilidad, entendiendo este concepto no como una carga (tal y cómo la mayoría de adultos la perciben), sino como una parte fundamental del día a día del ser humano.
En el artículo de Durán y Pujol (2012) se distinguen cuatro estilos de aprendizaje. En primer lugar el estilo activo se caracteriza por una personalidad más dinámica, arriesgada y espontánea. En segundo lugar, el estilo reflexivo se caracteriza por una metodología analítica, meticulosa y receptiva. En tercer lugar, el estilo teórico se caracteriza objetivo, evaluativo y lógico. Por último, el estilo pragmático se caracteriza por una personalidad más directa, realista y experimental. Cómo se constata en el artículo, cada alumno es diferente, su forma de aprender es distinta, por lo que su forma de organizarse también va a ser distinta. Estos estilos de aprendizaje no son cerrados, ni condicionantes, el alumno puede utilizar elementos de diferentes estilos, así cómo variar su forma de estudiar según la asignatura, la etapa vital o el profesor.
Considero que el profesor debe ayudar a cada alumno a encontrar su estilo de aprendizaje, definiendo así las mejores herramientas de estudio. De esta forma, se resolverían aquellos casos en los que el alumno se pasa horas estudiando pero no alcanza sus objetivos, ya que esto muchas veces se debe a que el método de estudio que utiliza no encaja con su estilo de aprendizaje. Además, conocer los estilos de aprendizaje de su alumnado mejora enormemente la labor educativa del docente ya que le permite adaptar sus explicaciones y actividades a sus alumnos. Cada alumno y cada clase es diferente y no podemos afirmar que estamos cumpliendo nuestra función como profesores si no nos esforzamos por entender nuestra clase y adaptar nuestros métodos a ella.
Por otro lado, el artículo también hace referencia a los pasos en los que se divide la organización del estudio. Para gestionar bien el tiempo debemos establecer metas claras, controlar el tiempo del que disponemos y verificar si estamos cumpliendo nuestros objetivos. En conjunto, disponer de herramientas para llevar a la acción cada uno de estos pasos permite una gestión eficaz del tiempo.
En primer lugar, para establecer metas claras podemos utilizar listas de tareas pendientes, esquemas con los contenidos y las partes en las que se divide cada asignatura, tener claros los criterios de evaluación y los objetivos del profesor... En segundo lugar, para controlar el tiempo podemos utilizar técnicas de estudio como el método pomodoro, dividir el temario a estudiar por días (importante apuntar esta división en agendas o calendarios), fijar fechas límite, establecer un periodo de tiempo fijo para la realización de cada tarea (por ejemplo de 18:00 a 20:00 estudio historia)... Por último, para verificar si estamos cumpliendo nuestros objetivos recomiendo reservar un día a la semana para repasar o realizar aquellas tareas que no hayamos realizado a tiempo. Si hemos cumplido nuestros objetivos como recompensa nos dejamos ese día "libre". Además es importante que el día antes de un examen no se realice un estudio profundo, es decir, ese día solo no nos puede quedar nada por estudiar, esta reservado para repasar. Esto permite consolidar correctamente la información aprendida y reducir el estrés previo a un examen. Este repaso debe ponernos a prueba a un nivel real, podemos recitar el temario aprendido, realizar exámenes de prueba, realizar esquemas para organizar la información... Una vez hemos sido evaluados por el profesor debemos ser autocríticos, analizar si hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos o si debemos poner más de nuestra parte. Es importante tener en cuenta que es difícil encontrar el método perfecto para gestionar el tiempo, si el primero que utilizamos no funciona podemos probar con otros, no hay que rendirse.
Cabe destacar que cada alumno es diferente y que el objetivo no es que todos saquen un diez cueste lo que cueste. El objetivo de enseñar a gestionar el tiempo es que los alumnos aprendan a ser responsables, que no sientan esa frustración de no saber por dónde empezar o de ver que sus esfuerzos no dan resultado, que no vivan con tanto estrés por estudiar el día de antes y que puedan utilizar el mejor método posible para alcanzar sus objetivos. Hay muchos factores que influyen en el rendimiento académico, no todos se pueden controlar, pero aprendiendo a gestionar el tiempo puedes controlar todos aquellos factores que dependen de tus acciones y así luchar todo lo posible para alcanzar tus objetivos vitales, cuidando tu salud mental al mismo tiempo. En resumen, una gestión eficaz del tiempo a través de la organización mejora enormemente la calidad de vida del alumno.
Referencia: Durán Aponte, E., y Pujol, L. (2012). Estilos de aprendizaje, gestión del tiempo y rendimiento académico en estudiantes universitarios. En F. Guerra López, R. García Ruiz, N. González-Fernández, P. Renés Arellano, & A. Castro Zubizarreta (Coords.), Estilos de aprendizaje. Investigaciones y experiencias: V Congreso Mundial de Estilos de Aprendizaje. Universidad de Cantabria. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4635078



